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lunes, 29 de abril de 2013

"Todos piensan en cambiar al mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo". La empleabilidad.

"Todos piensan en cambiar al mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo" (León TOLSTOI)

Esta cita bien podría aplicarse al concepto de empleabilidad; concepto de radiante actualidad y que de emplearse -valga la redundancia- y ponerse en práctica bien podría reintegrar en el mercado laboral a  parte de desempleados, o incluso evitar su aumento. Pero ¿qué es eso de la empleabilidad? La empleabilidad es la capacidad de una persona para acceder a un puesto de trabajo, mantenerse en él y reubicarse en otro ante la eventual pérdida del primero. En definitiva, es el potencial que tiene un individuo de ser solicitado por un empleador. Así, una persona “empleable” posee los requisitos de experiencia profesional, tiene los conocimientos que demandan los empleadores para su perfil y resulta atractivo para el mercado a los efectos de progresar en su carrera profesional.

De esta forma una persona será menos empleable, si su perfil se adecúa poco al puesto de trabajo en cuestión, o si existe mucha demanda con ese mismo perfil para ese puesto de trabajo, y en cambio, una persona será más empleable si ostenta o crea algún conocimiento o habilidad clave para ese determinado puesto de trabajo. Por este motivo es muy aconsejable que tanto las personas que buscan empleo como aquellas que están trabajando se esfuercen en mejorar su empleabilidad, porque de ellos depende mantener su puesto de trabajo o encontrar otro rápidamente. No hemos de esperar por tanto a que el gobierno haga algo al respecto, sino que lo que los empleados y ex empleados debemos esforzarnos a hacer es en identificar aquellas habilidades, conocimientos o estudios que nos permitan aumentar nuestra empleabilidad, para de esta forma disminuir el riesgo a ser despedido o de ser un parado de larga duración.

Se aconseja por tanto hacer un ejercicio de introspección, identificando habilidades, puntos fuertes y puntos débiles, y averiguar qué nuevas habilidades, idiomas o estudios podría o debería tener para aumentar mi empleabilidad, y acto seguido ponerse manos a la obra, y en no mucho tiempo ese aumento de nuestra empleabilidad traerá sus propios frutos.




lunes, 22 de abril de 2013

Vísteme despacio que tengo prisa...

Vísteme despacio que tengo prisa, o "apresúrate lentamente", solía exhortar el emperador Augusto a sus servidores. 
Y esa misma doctrina aplica actualmente nuestro César, en un momento histórico con cotas de paro inimaginables -actualmente estamos en el 26,30%; datos de febrero 2013-, donde la primera causa de muerte no natural es el suicidio , donde existe récord de quiebra empresarial -los procesos concursales se incrementaron un 44% en el primer trimestre de los presentes-, donde la tasa de pobreza se sitúa en el 21,8% -siendo una de las más elevadas de la "Unión Europea"-, en estos momentos las reformas que anuncia nuestro jefe del ejecutivo van encaminadas una vez más a reducir el déficit -o lo que es lo mismo, a aumentar más los impuestos-. Y mientras tanto nosotros los ciudadanos, pacientes y en un alarde de estoicismo pocas veces visto, vamos escuchando aquello de "vente despacio si tienes prisa". Sí, mi César, sí pero ¿qué no sabes que nuestra primera preocupación es el desempleo?, qué no te han informado que en los indicadores de los barómetros del C.I.S. no percibimos el déficit como la preocupación más apremiante?, que de hecho ni siquiera la mencionamos.

Así que aquí estamos los ciudadanos, la contra parte de la contra parte -como bien diría nuestro querido Groucho Marx- del contrato social, que bien lejos de ver cómo los gobernantes gestionan en pro del bien o interés común, observamos desconcertados cómo ninguna de las reformas hasta ahora emprendidas tiene como finalidad atajar nuestra primera preocupación; la sangría del desempleo. Si bien es cierto, que han habido reformas de calado en el ámbito del Derecho Laboral, no lo es menos que éstas han tenido como leitmotiv la flexibilidad externa -facilitar la contratación y el despido- y la interna -facilitar la adaptación de los recursos humanos de una Empresa a la coyuntura económica-, así como la de intentar mantener el sistema de reparto de la Seguridad Social, endureciendo los requisitos para la obtención de prestaciones o recortándolas. Pero hasta ahora, y ya vamos por el quinto (5) año de crisis económica no ha habido aún un verdadero Plan de choque para acabar con la lacra del paro.

Y sí, mi querido César, "quien caminando lleva priesa, en camino llano tropieza", pero más nos parece que "mal hace quien nada hace" y de seguir por este camino y no soy yo el primero que lo dice, al cabo de la calle se encuentra la desobediencia civil y la invocación a un derecho de resistencia inherente a eso que hemos mencionado como contrato social, por lo que no me quiera Ud. vestir tan despacio, que mejor ya me visto yo.

 
 

cuadernolaboral.blogspot.com